🌿 Desde Aragón Pura Vida El alma verde del Somontano: entre olivos, luz y silencio

En el corazón de Huesca, los olivares del Somontano revelan un paisaje de calma y sostenibilidad donde tradición, sabor y turismo responsable se entrelazan.

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La Comarca del Somontano no solo es tierra de vino. Es también un mosaico de olivares que respiran historia, perfume y raíces. Desde Barbastro hasta Alquézar, las colinas se tiñen de verde y plata, mientras los olivos centenarios dan forma a un paisaje que ha aprendido a convivir con el viento, el sol y la paciencia.

Caminar entre ellos es descubrir una lección de equilibrio. Las ramas retorcidas hablan del paso del tiempo, y el aire huele a hoja, a tierra húmeda y a vida rural. Aquí el aceite no se produce: se cultiva con devoción. Cada gota del Aceite del Somontano, de frutado intenso y notas de almendra, hoja y tomate, cuenta una historia de esfuerzo y respeto por la naturaleza.

La comarca, consciente del valor de este patrimonio, impulsa rutas de oleoturismo que invitan a conocer el proceso desde el árbol hasta la almazara. En estas experiencias, el visitante se convierte en parte de la cosecha: puede recoger aceitunas, catar aceites recién prensados y disfrutar la gastronomía local que gira en torno a ellos.

Pero el Somontano no solo seduce por su sabor. También por su compromiso. En los últimos años, proyectos locales —con el apoyo de entidades como SEO/BirdLife— han promovido la biodiversidad en el olivar, integrando aves, flores silvestres y polinizadores en el ecosistema agrícola. Una manera de producir sin dañar, de mirar el futuro sin renunciar a la raíz.

En otoño, cuando el sol cae suave sobre los troncos antiguos, el paisaje alcanza su máxima belleza. Los tonos dorados, el canto de los pájaros y la calma invitan a detenerse, respirar y entender que la sostenibilidad no es una moda: es una forma de vida.

🌸 Cápsula Tiquicia Aragón

Desde el Somontano hasta las montañas de Costa Rica, los olivares y cafetales comparten una misma lección: cuidar la tierra es cuidar de nosotros.

En cada gota de aceite o en cada grano de café late el trabajo de manos que aman lo que hacen.

Esa conexión entre campo, paisaje y comunidad es el puente que une a Aragón y Tiquicia, dos territorios que entienden el valor de lo auténtico.

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